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jueves, 21 de septiembre de 2017

El País:“El cómic no es literatura, es un arte donde lo esencial es la imagen”


Bandes designes. Tebeos. Fumetos. Graphic novels. Se llamen como se llamen, todos describen lo mismo: la narración en viñetas. ¿Y qué es una viñeta? Una vidriera a un espacio y un tiempo que el lector puede completar en su propio tempo. Esa vidriera se compone de dos facetas, el guion y la ilustración. Pero el guion de un cómic no es meramente la escritura del relato, sino la disposición y relación entre esas ventanas a un espacio y un tiempo concreto. 


Sobre cuáles son los engranajes que hacen girar un guion de cómic departieron una nutrida mesa la semana pasada en las XXII Jornadas del Cómic de Avilés. Larry Hama, como representante de la industria de Estados Unidos, Matz y Morvan, guionistas de la viñeta francesa, y José Manuel Robledo y Antonio Altarriba por parte del tebeo español. La meta, describir su arte, que, como no podía ser de otra manera, adquiere matices muy personales.


Larry Hama, que firmó 155 guiones consecutivos de G.I. Joe para Marvel, describió con humor por qué se convirtió en guionista. Fue una cuestión de lo más mundana, llegar bien a fin de mes: "Como dibujante, en los 70, cobraba 23 dólares por página. Y como mucho daba hecho una página al día. Me enteré de que los guionistas cobraban 50 dólares por página. Así que me pasé 10 años pidiéndoles a DC y Marvel que me dejaran escribir. Al final, me ofrecieron 'G.I. Joe', porque todos los demás guionistas de la industria habían rechazado escribirla".


Una de las claves que definen el tipo de narrador que uno es se halla en el proceso de trabajo. Se dice que, a grandes rasgos, hay dos tipos de escritores: de brújula y de mapa. Y lo que se quiere decir con esto es que los de brújula no saben adónde van, no van por delante de su trama, y los de mapa lo planifican todo previamente y luego lo escriben.


En esta mesa se vio ejemplos de ambas metodologías. Hama, por ejemplo, siempre ha trabajado con brújula. "No sé si compartiréis conmigo esa desagradable sensación de empezar a ver una película o leer un tebeo y saber a las pocas páginas y minutos como va a acabar. Eso es algo que siempre he querido evitar. Mi método consiste en no saber qué va a pasar. En los cómics de G.I. Joe no había jamás un continuará precisamente por esto, porque ni yo, ni el editor, ni nadie sabíamos cómo continuaba la historia".


Pero hay otros guionistas que sí tienen un método concreto. Robledo, que se considera dibujante antes que guionista, describió el suyo al detalle: primero, unas semanas de documentación; luego, un storyboard general; luego algo más detallado para escenas con "cohesión", trascendentes, que desarrollen una idea en tres o cuatro páginas. Y lo último que se ponen son los diálogos y cartelas. La pereza tiene también mucho que decir en ese proceso. El francés Morvan decide cada día si va a escribir en la ducha: "Funciono por inspiración. Así que si durante la ducha veo que no tengo ganas, pues ese día no escribo. Ahora bien, cuando me entran las ganas me puedo pasar horas y horas y olvidarme hasta de comer".


Altarriba destacó, por lo variopinto de la mesa, que si bien en el método y en las reflexiones sobre el cómic había puntos en común, España es diferente por tener una industria menos profesional: "En España, el guionista tiene que ser un poco el motor de todo. Tú no te sueles presentar a un editor con una idea, como podrías hacer en Francia, y que él te busque el dibujante. Tú te presentas con todo atado, unas páginas dibujadas y el guion completo para vender el proyecto. Creo que esta es la gran diferencia, que aquí todo es menos profesional. Un guionista en Francia o Estados Unidos está trabajando simultáneamente en varias series, sin descanso. Aquí, en España, yo iba guion a guion. Y entre tebeo y tebeo me he pasado meses sin guionizar nada de cómic". 


Otro punto clave en escribir tebeos es que es, muchas veces, un baile a dos. Bien agarrado. El dibujante y el guionista tienen que convivir en sus egos artísticos y ambiciones creativas. A veces, esa convivencia es compleja. "Con el dibujante de Asesino [Luc Jacamon] siempre le hacía el mismo castigo cuando nos peleábamos. Odiaba dibujar coches. Así que después de un cabreo, le mandaba diez o doce páginas de persecución sobre ruedas", apuntó Matz, entre risas. Hama cree que "a mayor talento, más pesado el equipaje", en el sentido de que los dibujantes que más merecen la pena, los que hacen "vibrar el alma", suelen ser bastante impresentables profesionalmente. "Hay un caso del que siempre me acuerdo, porque estos genios suelen pasar de coger el teléfono. Lo llamaba, dejaba que sonara una vez, colgaba y luego lo rellamaba. Me cogía siempre, porque ese era el código secreto de su novia". Hama tuvo que adoptar estrategias extremas con otro de sus ilustradores, también para hacer posible la comunicación al auricular: "Había dejado de pagar a la compañía telefónica para no recibir llamadas. Así que la pagué yo por él para que tuviera línea".


Pero el tebeo tiene también mucho de catarsis. Antonio Altarriba la vivió en primera persona con el cómic El arte de volar. "Fue mi manera de reconciliarme con el suicidio de mi padre. Creo que, aparte de ese runrún de fondo en el que percibes cómo influye la biografía en un guionista, los cómics pueden tener un efecto catártico para reflexionar o incluso superar un trauma". Hama describe la escena del tebeo norteamericano como una gran familia y recuerda que tanto en su caso como en el de un colega, que afrontaban la lenta muerte por enfermedad de sus madres, el resto de escritores asumieron las tareas pendientes que tenían con las editoriales.


Hay una cuestión mayor en el candelero desde la recuperación cultural del cómic. La manía de llamarlo novela gráfica para que la literatura, de alguna manera, fagocite el medio. Altarriba no está de acuerdo con esta tendencia: "No son literatura. El cómic, es ante todo, un medio visual. Cuenta con imágenes. Esto no lo hace ni mejor ni peor que la literatura. Lo hace distinto, con sus fortalezas y también con alguna debilidad", explica. De esa concepción del cómic como arte de las imágenes sabe mucho Hama, que en los 70 llevaba la contraria a casi todos los guionistas coetáneos prescindiendo de los diálogos y de las cartelas para expresar los pensamientos de los personajes. "Por entonces me consideraban un loco por hacer esto. Recuerdo en una ocasión que escribí una historia de Lobezno completamente visual y me dijeron que no se podía, que había que meter cartelas. Y lo hice, pero en vez de hablar Lobezno, hablaba Electra, con lo que el cómic era una yuxtaposición entre las imágenes que contaban una historia y los textos que contaban otra. Por supuesto, nadie se dio cuenta. Lo que me reconforta es que hoy en día se considera que los cómics deben de prescindir del texto cuando no es necesario. Que deben narrarse en imágenes".


miércoles, 20 de septiembre de 2017

El País:‘Imagine’, de John Lennon, se convierte en libro infantil ilustrado


Imagine, de John Lennon, la canción que quizás mejor simbolice el deseo de un mundo en paz, se convierte en libro infantil. En formato de álbum, ilustrado por el francés Jean Jullien y prologado por la propia Yoko Ono, saldrá a la venta en todo el mundo el próximo 21 de septiembre, Día Internacional de la Paz. "Es una buena forma de que la canción perdure en las siguientes generaciones", afirma Patricia Martín, directora editorial de Flamboyant, que ha comprado los derechos del libro para España.


La letra de la canción, en el inglés original y en castellano o catalán, según la edición, acompaña el viaje de una paloma que vuela por el mundo con una rama de olivo y lleva su mensaje de concordia a pájaros de todo tipo. "Nos gustó el álbum por sus valores de paz y tolerancia, porque admiramos al ilustrador y nos gusta la canción", dice Martín para explicar por qué se embarcaron en el proyecto, iniciado por Amnistía Internacional en Reino Unido con la editorial británica Frances Lincoln. Los derechos de autor derivados de la venta de cada ejemplar se donarán a la ONG, que cuenta con la canción como himno oficial.


Aunque el álbum, de 33 páginas, está dirigido a la franja de edad de 4 a 12 años, "evidentemente, un niño no conoce a Lennon", dice Martín. "Es el típico libro para que los tíos lean a sus sobrinos", bromea, y así conozcan una canción emblemática que ya cumple 46 años. "Es una apuesta, y creemos que va a funcionar", asegura la responsable de Flamboyant, la pequeña editorial barcelonesa que lanzó en 2012 El monstruo de colores, un fenómeno que lleva vendidos en sus distintos formatos más de 300.000 ejemplares. Para la primera edición de Imagine, se han impreso 7.000 copias en inglés / castellano y 3.000 en inglés / catalán.

El autor de las coloridas ilustraciones es el diseñador gráfico Jean Jullien, que creó la popular imagen que fusionaba el símbolo de la paz con la Torre Eiffel tras los atentados de París de 2015. También ha publicado los álbumes infantiles ilustrados Esto no es un libro (Phaidon) y Ralf (Editorial Juventud). El lanzamiento del libro en España está acompañado de un concurso de dibujo, Los pájaros del mundo, dirigido a alumnos de Infantil y Primaria. Los colegios interesados se pueden inscribir aquí. Los ganadores recibirán un ejemplar de Imagine y un lote de libros de Flamboyant.

"Este libro es muy especial para mí. El texto lo escribió John, mi marido, y me alegra mucho verlo ilustrado en este hermoso álbum", escribe en el prólogo Yoko Ono, que será acreditada como coautora de la canción. "Con Imagine, compuso una canción que reclamaba la paz en todo el mundo. Hoy en día necesitamos la paz más que nunca, por lo que creo que sus palabras siguen siendo muy importantes. Deberíamos tratar igual a todas las personas, sin importarnos de dónde sean o si hablan otro idioma. Como la paloma de este libro, que acepta a todos los demás pájaros: le da igual el color de sus plumas o la forma de su pico. De ese modo, todos podemos poner nuestro granito de arena a diario. Todas las cosas buenas que hacemos pueden contribuir a mejorar el mundo. Tú puedes hacerlo, yo también, todos podemos hacerlo", afirma la artista.

martes, 19 de septiembre de 2017

El cómic Strangers in Paradise se convertirá en película


Puede que Strangers in Paradise sea uno de los mejores cómics de temática lésbica que existen, no sólo por su estética más que cuidada, sino que también por su hilo argumental que consigue mantenerte enganchada durante toda la historia; por algo ha sido ganador de varios premios no sólo el cómic, sino también su creador Terry Moore.

Si aún no lo has leído, te recomendamos que comiences a disfrutar de esta historia que se publicó desde 1993 hasta 2007 y que se puede encontrar fácilmente en muchas librerías, pero la gran noticia para las actuales y futuras seguidoras de Strangers in Paradise es que dará el salto a la gran pantalla.

Desde hace tiempo Terry Moore ha intentado adaptarlo a la televisión, sin tener suerte a la hora de encontrar un estudio que quisiera producir una serie ambientada en el cómic; pero no hay mal que por bien no venga y la noticia de que sea una adaptación al cine lo que finalmente se hará es algo mucho mejor, sobre todo si tenemos en cuenta que la encargada de colaborar con el creador de Strangers in Paradise no será ni más ni menos que Angela Robinson, quién ha trabajado en The L Word y True Blood entre otras cosas.

Ambos han comentado al respecto que están encantados e ilusionados de poder llevar a cabo este proyecto juntos; ahora sólo falta esperar que se pongan manos a la obra para que pronto podamos saber algo más sobre la película basada en Strangers in Paradise.

lunes, 18 de septiembre de 2017

El cómic 'La voz que no cesa' da vida al drama del Miguel Hernández preso


Fruto de las casualidades, el recuerdo de Julio Oca Petete, el hijo de uno de los presos que estuvo junto al poeta Miguel Hernández en la cárcel, ha hecho que el cómic La voz que no cesa, de Ramón Pereira y Ramón Boldú, tenga un "testimonio de viva voz" que lo enriquece respecto a su primera edición. Con motivo del 75 aniversario de la muerte del poeta de Orihuela (Alicante), la editorial Astiberri ha publicado esta nueva edición, un nuevo volumen de 140 páginas revisadas y ampliadas respecto al que en 2013 sacó la desaparecida editorial EDT, que se despidió con este título, por lo que conseguir un ejemplar se convirtió en tarea imposible para los seguidores del cómic y del poeta. Pero ahora ha regresado con varias novedades que lo engrandecen, como un cambio en el color -se ha suavizado el negro- y una ampliación del contenido: el testimonio de Julio Oca Petete, hijo de Eugenio Oca, compañero de cárcel de Miguel Hernández, además del autor de los dibujos que acompañan los dos cuentos que el poeta escribió a su hijo y del dibujo del propio Hernández muerto.

"'Petete lo conoció cuando era niño y visitaba a su padre en la cárcel y me contó una serie de historias que dibujé por si en el futuro había una segunda edición del cómic", cuenta Boldú sobre este encuentro que cuatro años después se ha visto reflejado en viñetas. "La última parte del primer cómic, la de su estancia en la cárcel, quedaba muy corta, pero conocí de viva voz todo el drama que vivía dentro, sobre todo porque no le dejaban ver a su hijo por no estar casado con su mujer", ha destacado el dibujante catalán.

Pero en La voz que no cesa Boldú lleva a las viñetas también la recreación de otros instantes de la vida de Hernández que guardan similitud con la suya propia. Como el hecho de que su padre no quería que su hijo fuera poeta. "Mi padre no le veía futuro a que me dedicara al cómic, no creía que pudiera ganar dinero con este oficio, y esas conversaciones que tuve con él las he utilizado porque creo que no se diferenciaban mucho con las que Miguel tuvo con su padre", confiesa.

Con esta biografía, el cómic vuelve a dejar claro que se ha convertido en una de las mejores disciplinas para afrontar el género biográfico, tal y como lo han demostrado otras obras recientes que han abordado la vida de Federico García Lorca o Frida Kahlo. En este sentido, según Boldú, la explicación está en que como los dibujantes de cómic se "parecen mucho" a los escritores, pintores o cineastas son capaces de ver la "lucha" que han tenido que librar para pasar a la Historia.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Un artista fallero impulsa el primer Museo del Cómic en España


Un artista fallero valenciano, Alfred Chuliá, temporalmente residente en Benavente (Zamora) por motivos familiares, se ha integrado con su actividad artística en la vida social y festera de aquella ciudad, y entre otros proyectos que está impulsando está la creación del primer Museo del Cómic de España, que tendrán su sede allí. Explica que: «Somos un grupo de profesionales pertenecientes a distintos ámbitos de la sociedad a los que nos une la pasión por la lectura, el arte, el dibujo y la ilustración, que concretamos de manera especial en los cómics y tebeos. Desde hace dos años acariciamos y estamos trabajando en un proyecto singular, para el que nos hemos preparado aportando cada uno su bagaje cultural y experiencia, que hemos completado con continuas visitas a ferias, certámenes y exposiciones de cómics en España y Portugal». «El objetivo central –detalla Chuliá- de nuestras acciones es la creación de un Museo del Cómic, cuya base sería, en principio, los aportes de materiales de cada uno y aquellos que nos han sido confiados por expertos y coleccionistas a instalar en Benavente (Zamora), con la peculiaridad de comenzar su creación por el método del Crowdfunding, de la suscripción económica entre todos y todas quienes admiran y valoran el mundo del cómic». «El Museo del Cómic quiere convertirse en un espacio de referencia nacional e internacional en el mundo de la ilustración, un lugar de culto y veneración para los amantes del Tebeo, un templo dedicado a los Cómics.

Pretendemos convertirnos en el primer y único museo del cómic de España y el más grande de Europa, para lo que buscaremos unos locales dignos, espaciosos, suficientes, en los que instalar talleres de lectura y dibujo, zonas de firmas y presentaciones para autores e ilustradores, tienda de merchandising y souvenirs? y, cómo no, un gran quiosco donde poner al alcance de los visitantes una amplia gama de novedades de las obras de los principales autores e ilustradores

«Son muchos los profesionales de la ilustración y del sector del cómic en general, que han brindado al proyecto del Museo del Cómic su inestimable contribución y respaldo. Los principales y más destacados talentos de la ilustración a nivel nacional han contribuido con sus trabajos desinteresadamente a la concreción de este diseño dando lo mejor de sus lápices y que con sus diseños hemos conformado una de las mejores ofertas», acota Chulià.

Contará el Museo con un restaurante temático y para dar consistencia al proyecto «vamos a crear la Fundación Museo del Cómic, en la que se darán cabida a patrocinadores, expertos y amantes del sector, motor impulsor de los que se pretende, abierto a profesionales de la ilustración, editoriales, librerías especializadas, asociaciones de profesionales de ilustradores, instituciones o a cualquier lector».

sábado, 16 de septiembre de 2017

El País:El diario dibujado de Ana Frank


La protagonista, dibujada, parece más verdadera que la de las viejas fotos en blanco y negro. Por momentos parece de carne y hueso, parece que la conozcamos desde siempre, una vecina o una familiar. El cineasta y guionista Ari Folman y el ilustrador David Polonsky han conseguido, en su adaptación gráfica de El diario de Ana Frank, traducir en el formato de la novela gráfica un texto que es un clásico de la literatura contemporánea y un documento histórico sobre la persecución de los judíos en Europa.


Los israelíes Folman y Polonsky, autores también del documental gráfico Vals con Bashir, recuperan con trazo claro y estilo directo la historia extraordinaria y a la vez costumbrista de ocho judíos escondidos en un piso secreto en el Ámsterdam bajo la ocupación nazi.

No hay sangre en el diario original de Ana Frank, publicado en 1947, ni en el diario gráfico, que el 19 de octubre publicará en castellano por Debolsillo. No aparecen trenes cargados de deportados ni cámaras de gas. Es casi minimalista. Ana Frank cuenta el Holocausto sin contarlo. La parte más ominosa —la detención y los siete meses de peregrinación por campos de concentración exterminio y muerte de la adolescente— no aparece en el texto original —Ana Frank dejó de escribir el diario antes de ser descubierta— y en el diario gráfico es un breve epílogo escrito por los autores.

La Ana Frank de Folman y Polonsky es real, es cotidiana. En sus dibujos se hace presente.

"Es una historia de cada día: qué significa estar escondido durante dos años", dijo hace unos días Folman a EL PAÍS en París. Junto a él se sentaba Polonsky. "Y esperamos de verdad que los lectores puedan conectarlo con nuestro tiempos. Aunque soy un poco escéptico".

"Esto ocurrió hace 75 años. Y sigue ocurriendo", prosigue Folman. "En las zonas de guerra. En Oriente Próximo. En Sudán del Sur. En Burundi. [El diario de Ana Frank] parece historia antigua. Pero sigue ocurriendo".

Uno de los efectos de la lectura del nuevo Diario de Ana Frank es desmitificar el icono, acercarlo a lectores jóvenes que pueden sentirse intimidados por una obra que es canónica y de lectura obligatoria en muchas escuelas, o a lectores que desconocen la historia de Frank y la Historia del Holocausto.

Los propios autores explican que leyeron el libro de adolescentes, y que no captó su interés. "Lo leímos en la escuela. Cuando tienes 14 años no entiendes su potencial", recuerda Folman. "Lo volví a leer cuando la Fundación Anne Frank me contactó [para ofrecerle encargarse de la novela gráfica], y me chocó la calidad del libro. Solo de adulto entendí que era una obra maestra".

"Es una gran escritora. Esto es lo que me chocó cuando la leí de adulto", asiente Polonsky.

Trasladar las 330 páginas de las que consta en diario en formato libro a las 148 ilustradas y con poca letra de la novela gráfica obligó a los autores a "pensar de manera cinemática", dice Folman.

Folman y Polonsky se prohibieron traducir al lenguaje del cómic la primera persona del texto original. Es decir, no intentaron imaginar cómo Ana Frank hubiera ilustrado su diario. Trasladar palabra por palabra todo el diario hubiese dado una novela gráfica de 3.500 páginas y unos diez años de trabajo. Tuvieron que seleccionar, sintetizar, narrar con dibujos, y a veces imaginar. Por ejemplo, la treintena de páginas dedicadas a la relación entre Ana y su hermana, Margot, se resumen en una sola en la que una serie de retratos yuxtapuestos de ambas, sin texto, muestran las diferencias abismales de carácter entre ambas.

Otra peculiaridad del diario gráfico de Folman y Polonsky es que conserva en algunas páginas fragmentos enteros del diario. "Eran [fragmentos] extraordinarios, no había manera de tocarlos. Debían mantenerse intactos como pura literatura. Y creo que, cuando haces lo que hicimos, debes recordarle al lector: 'Eh, este es el original, debes leerlo'", explica Folman.

Polonsky creció en la Unión Soviética, donde no había oído hablar de Ana Frank. Folman, hijo de supervivientes del Holocausto, creció en Israel. Sus padres llegaron a las puertas de Auschwitz el mismo día que la familia Frank.

"Cuando hablamos del Holocausto, hablamos de símbolos", explica. "El holocausto era monocromo, blanco y negro, la fotografía del niño en el gueto de Varsovia, la hambruna, las ejecuciones, la tuberculosis. Y, para las personas que estuvieron allí, trataba de todo esto, pero también de hacerse adulto, de mi primera novia y de mi primer beso: de la vida".

Y así era Ana Frank, como escribe el novelista francés Eric-Emmanuel Schmitt en una edición reciente del diario, alguien que "cultiva la alegría más que la tristeza, aquella alegría que Spinoza [otro judío de Ámsterdam] definía como 'el paso hacia una perfección más grande'. "No puedo evitar pensar que Ana Frank, escandalosamente aplastada por la Historia, tuvo éxito en lo que dependía de ella: su vida".

viernes, 15 de septiembre de 2017

Cels Piñol cuenta este viernes los entresijos de su serie de cómic ‘fanhunter’


El dibujante catalán Cels Piñol (Barcelona, 1970) desvelará este viernes algunos de los secretos que se esconden tras su longeva serie Fanhunter, en el marco del VIII Salón del Cómic de Navarra/ Nafarroako Komikiaren VIII. azoka que organiza la Asociación Tiza.

El creador de carismáticos “narizones” –que definen su característico estilo de dibujo– firmará libros a las 18 horas en El Corte Inglés y ofrecerá una charla con formato de entrevista a las 19.30 horas en el Palacio del Condestable.

Piñol muestra además en Pamplona, en el Condestable, la exposición Fanhunter: la última línea defensiva. Se trata de, como describe el propio autor, “un buen puñado de ilustraciones originales que abarcan veintisiete años” y que permiten conocer el proceso creativo y los entresijos del universo Fanhunter desde sus inicios en fanzines auto editados hasta su fichaje por Planeta de Agostini. La exposición se completa con una variada selección de juegos, figuras, cómics y productos de merchandising que refuerzan la experiencia “epicodecandente”.

La carrera de Cels Piñol arrancó al participar en un concurso de diseño de superhéroes.

Aunque no ganó, su estilo fue bien recibido y le contrataron para hacer las tiras Fan con Nata / Fan Letal que se incluían en los cómics de Marvel-Forum. Simultáneamente, Piñol auto editaba los fanzines Kiusap y Fanhunter en Gusa Cómics, su propia faneditorial.

Gracias al éxito de Fanhunter, distopía en la que los fans de los cómics, los juegos de rol, los videojuegos y otras manifestaciones de ocio y “subcultura” son perseguidos como delincuentes por el malvado Papa Alejo I, Cels se convirtió en el primer autor español que disponía de una serie regular en Planeta-DeAgostini.

Desde entonces, Cels Piñol ha trabajado como articulista, editor, empresario del mundo del cómic o, incluso, novelista. Este año, el creador de carismáticos “narizones” como Konstantin, Don Depresor, Ridli Scott o Killer Dog entre otros fue homenajeado con una retrospectiva en el Salón del Cómic de Barcelona. También, recientemente, el remake de su Drácula (1992) ha sido elegido cómic oficial del Festival de Cine Fantástico de Sitges y la versión inglesa del juego de miniaturas Urban Warfare ha sido lanzado en Estados Unidos. A este lanzamiento seguirán,dentro de poco, otros juegos de cartas, rol y cómics.

El VIII Salón del Cómic de Navarra/Nafarroako Komikiaren VIII. Azoka está organizado por Tiza. Asociación para la promoción del cómic y actualmente cuenta con el apoyo del Gobierno de Navarra/Nafarroako Gobernua, el Ayuntamiento de Pamplona/Iruñeko Udala, Fundación Caja Navarra, Obra Social La Caixa, El Corte Inglés, el CAP (Centro de Apoyo al Profesorado) y Diario de Navarra.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Cómic. Arquitectura narrativa


“Existe una diferencia fundamental entre dibujar y hacer cómic. Cuando dibujo estoy intentando reproducir el mundo, lo que veo. Mientras que cuando hago cómics estoy intentando reproducir mis memorias, mis fantasías, es una actividad de síntesis […] cuando dibujo es solo una actividad de reproducción”. (Cris Ware, 2014)

La controversia sobre si el cómic es un subproducto cultural, si es o no literatura o arte, es vieja y un tanto aburrida. Menospreciar o negarle valor al cómic no parece tener ningún sentido a día de hoy y además es fácilmente refutable con ensayos como este del arquitecto, profesor y estudioso de las artes visuales, sobre todo los cómics, Enrique Bordes, que ahora tenemos en nuestras manos. Empecemos por decir que el cómic como tal nació en el siglo XIX pero que como manifestación que es de una narración a través de imágenes se puede rastrear su origen en las más tempranas muestras humanas surgidas de la necesidad de dejar constancia de una historia a través del tiempo. Cómic. Arquitectura narrativa nace de la tesis doctoral de Enrique Bordes y en su primera parte se ocupa precisamente de ese tipo de representaciones donde la tradición figurativa del cómic hunde sus raíces. Narraciones de hechos y personajes singulares dignos de ser recordados o tenidos en cuenta por los humanos las encontramos, por ejemplo, en los jeroglíficos egipcios, en las victorias militares de la Columna de Trajano o en las visiones apocalípticas de los Beatos… En todas estas manifestaciones artísticas se representan secuencias en las que tiempo, espacio y sonidos son emitidos en una acción simultánea.

Pero la idea principal que articula todo el libro (que es, como señala Antonio Bonet Correa en su prólogo, un compendioso volumen…) es la de relacionar el cómic con la arquitectura y los arquitectos. A lo largo de los capítulos en los que se divide la publicación, se van analizando las forma de la construcción del campo visual de las viñetas, sus tamaños, dimensiones y escalas. También a lo largo del libro descubrimos cómo el dibujo une a creadores de narraciones gráficas y edificios y es que el objetivo de Bordes es mostrar cómo dibujar arquitectura y narrar en un papel tienen un origen común y un desarrollo paralelo y nos propone un paseo cronológico por casos que ayudan a visualizar hasta qué punto el lenguaje narrativo visual ha estado vinculado con las formas arquitectónicas y su representación. En el apartado “El cómic y los arquitectos” explora esta relación desde varios puntos de vista: se dibuja un pequeño recorrido por aquellos autores que han estado en contacto directo con la arquitectura, intentando descifrar hasta qué punto han profundizado en la concepción de la historieta como estructura espacio temporal o como objeto de diseño arquitectónico. Dos casos únicos: Le Corbusier y Windsor McCay. Pero Rem Koolhaas y Yona Friedman tampoco escapan al análisis por su uso de la comunicación visual cercana al cómic.

Se ocupa en sus páginas de la representación arquitectónica: las secciones verticales, pero también las plantas, que por su visión cenital poco frecuente no son tan utilizadas; elementos arquitectónicos como la ventana; o la descripción de espacios desde la habitación a la ciudad. Y como no, también de las personas, la inclusión necesaria del ser humano en las historias.

No se olvida Bordes en el capítulo correspondiente a “Construcciones narrativas contemporáneas” de un título muy español, a pesar de su nombre, 13 Rue del Percebe, del maestro Ibáñez. Su estructura, su encuadre y sus personajes son analizados al referirse el autor a ejemplos en los que lo que vemos no es solo la sección de un edificio sino una enorme escenografía teatral abierta.

El libro es casi una minienciclopedia temática, llena de referencias teóricas y visuales, con menciones a los más importantes creadores de cómic, desde los más clásicos a los más innovadores. La evolución de la viñeta, sus aspectos técnicos, cómo se construye el cómic desde su unidad más básica. Cómo lo leemos y cómo lo interpretamos. Tampoco falta un capítulo dedicado al color como mecanismo narrativo, en el que encontramos curiosos estudios como el presentado en 2013 por Tim Leong, que revela que los colores primarios son utilizados (como norma) para los “buenos”, mientras que para los villanos suelen emplearse los complementarios. Como broche final, el volumen se completa con once páginas dedicadas a bibliografía, dividida en cuatro bloques: Historia y teoría; Arquitectura y cómic; Obras y Fuentes en línea.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Grandes maestros de la pintura, en versión cómic


Más de 70 ilustradores de cómic han reinterpretado una colección de grandes obras de la historia de la pintura universal para la exposición El Arte en el Cómic, que el próximo viernes día 22 se inaugurará en la sede de Afundación. La muestra contará con tres espacios. El primero se dedica a la presencia del noveno arte en los museos y de estos en el cómic; el segunda a autores gallegos, y el último recoge los homenajes que los dibujantes han realizado a algunas piezas emblemáticas como La Gioconda o El Guernica.  La relación que museos como el Louvre o el Prado pueden guardar con las viñetas queda plasmada en esta exposición producida por la Fundación Telefónica y comisariada por el historiador Asier Mensuro.

martes, 12 de septiembre de 2017

El País:Miguel Francisco: “Mi cómic contacta a mi hijo con su abuelo”


Cuando murió su padre y nació su hijo, el dibujante Miguel Francisco (Badalona, 1968), única intersección entre ambos, sintió que la vida era demasiado miserable si todo lo acumulado por su padre no podría llegar a su hijo. Así forjó Espacios en blanco (Astiberri), un cómic autobiográfico que sacó adelante en los recreos de su trabajo como diseñador de personajes de videojuego (Angry Birds, Best Friends). Vive en Helsinki, donde encontró una oportunidad, un hijo y el frío.


¿Qué hace un mediterráneo en Helsinki? Pasar frío por supuesto y, entre tiritón y tiritón, trabajo como diseñador de personajes para Seriously, una empresa de juegos de Helsinki donde estoy haciendo los personajes del juego Best Fiends. Vivo en una casa de madera con mi hijo y me quito horas de sueño para hacer cómics y otros proyectos que van apareciendo.


¿Se dibuja mejor con frío? No se dibuja mejor, pero estás más tiempo en casa para evitar 20 grados bajo cero. Te ves dibujando más horas porque no puedes ir de tapas, primero porque no hay y segundo porque te congelas en la parada del autobús.

¿Para vivir de la cultura: España o Finlandia? Para vivir de las ayudas a la cultura, desde luego Finlandia. Para vivir la cultura, para mí, y quizás sea muy subjetivo y desde la visión del inmigrante, España.

¿Quién o qué le hizo dibujante? Me empujó a dibujar la soledad por la enfermedad y por lo divertido que era inventar mundos y personajes y soñar aventuras... por jugar en definitiva. Un poco más mayor ya, me hizo dibujante la inercia y continué en esta profesión para seguir sintiendo, muy de vez en cuando, la misma sensación que tenía de crío cuando dibujaba piratas y pistoleros en el suelo de mi habitación. Y no es fácil conseguirla.

¿Qué tiene en su mesilla de noche: libros o pantallas? Ambos. No me gusta leer en digital, pero desde que vivo en Helsinki he tenido que acostumbrarme. Es más sencillo y rápido comprar libros que me interesan y que son totalmente imposibles de encontrar en Helsinki, que pedirlos a alguna librería en España y esperar a que lleguen por correo. Aún así, lo hago, pero la mayoría de veces no tengo la paciencia suficiente y acabo cayendo en el digital. Ahora tengo, en digital y en la mesilla, No llorar, de Lydie Salvayre, y en papel, Rabos de lagartija, de Juan Marsé.

¿Cuál ha sido el último libro que le ha gustado? Cielos de barro, de Dulce Chacón.

Cite su santa trinidad del cómic. Will Eisner, Hugo Pratt y Moebius, probablemente, aunque como no tengo nada de católico, creo que más que santísima trinidad tengo un panteón de dioses en los que entran desde Carlos Giménez a Josep M. Beá o de Franquín a Spiegelman. Está lleno de dioses este mundo del tebeo.

Su videojuego favorito. Debe parecer raro esto porque pago mi alquiler trabajando para videojuegos, pero no juego a ninguno. Hace bastantes años que me empezaron a aburrir y tuve una sensación terrible de pérdida de tiempo cuando jugaba, así que los dejé a un lado sin más y uso ese tiempo para hacer otras cosas. Sigo el arte que se hace para juegos esos sí. Los diseños de Yoshitaka Amano para Final Fantasy, Takayoshi Sato en Silent Hill o Aymeric Kevin para Rayman me parecen geniales aunque no juegue.

¿Qué cómic detesta? Ninguno. Hay cómics que me gustan más y otros menos, pero no detesto ninguno. Cualquier dibujante que tiene los suficientes redanyos para sentarse delante de una mesa y hacer un cómic ya me merece un inmenso respeto. Lo que no me gusta simplemente no lo leo.

Si no fuera lo que es, ¿qué le gustaría ser? John Silver el Largo, ¡por supuesto!

¿Qué está socialmente sobrevalorado? En mi opinión el dinero, la fama, la falsa aceptación social, la belleza física, las opiniones de ciertos personajes y medios de comunicación... vivimos en una sociedad tan superficial y mediática que la lista de cosas sobrevaloradas sería larga, muy larga.

¿Qué encargo no aceptaría jamás? La vida y las decisiones personales te ponen a veces en situaciones muy jodidas en las que has de aceptar trabajos simplemente para cubrir necesidades básicas, pero por ahora nunca me he visto obligado a aceptar encargos de corte racista, fascista o discriminatorio. Espero no verme obligado a hacerlo nunca. (dedos cruzados)

¿Por qué ha necesitado contar su autobiografía? Era una historia que llevaba rondando mi cabeza desde hacía tiempo y que, al llegar a Finlandia, quizás por el distanciamiento, más mental que físico, se empezó a concretar en algo que ha acabado siendo autobiográfico sin pretenderlo. El punto de inflexión fue el nacimiento de mi hijo y la muerte de mi padre, algo que me hizo poner los pies en el suelo de repente y que me hizo sentirme en una cola vital en la que al final simplemente te mueres y toda tu experiencia vital, todas tus vivencias e historias que has oído y escuchado desaparecen contigo y eso me pareció muy miserable y carente de todo sentido. Por otro lado, quería que mi hijo tuviera la posibilidad de saber cosas de su familia en España si es que algún día se interesa por ella. En cierto modo, no quería que la historia oral que mi padre me contaba se perdiera, y haciendo el libro, contactaba de algún modo a mi hijo con su abuelo. Cosas así. Cosas que te da por pensar cuando se muere tu padre y afuera hay veinte grados bajo cero.



lunes, 11 de septiembre de 2017

El País:Muere Len Wein, legendario creador de Lobezno y La cosa del pantano


El guionista Len Wein (Nueva York, 1948) es responsable de algunos de los héroes y villanos más reconocibles de la mitología del cómic —de los más adaptados al cine y la televisión—, y, sin embargo, nunca se le acreditó lo suficiente por ello. "La historia moderna del cómic sería completamente diferente si no fuera por Len. Que nadie lo aplauda por ello es una desgracia". El guionista Chris Claremont, responsable de la etapa más icónica de la Patrulla X, tenía claro lo que la industria del cómic estadounidense debía a uno de sus nombres más infravalorados. Wein creó a Lobezno, a la generación de mutantes de Tormenta, Lobezno o Rondador Nocturno y a la Cosa del Pantano; había escrito para los títulos más famosos de las dos grandes editoriales, y allí además había editado títulos como Watchmen. Wein, guionista clásico que comenzó en el terror, era, al fin y al cabo, un trabajador, uno lleno de imaginación que nunca perdió su entusiasmo como fanático de los tebeos. El creador ha muerto este domingo a los 69 años tras varias operaciones de corazón, que había contado los últimos días por Twitter.

Es fácil pasar por alto a Len Wein. Aunque pocos escritores tienen en su currículum etapas en El Increíble Hulk, Spider-man, Batman, Wonder Woman (donde rediseñó al personaje junto a George Pérez), Thor, Iron Man, Los Cuatro Fantásticos y la JLA, era tal su generosidad que cedía el protagonismo a quienes llegaron después. Además de López, sin él ni Alan Moore, que se dio a conocer por su brillante etapa en La cosa del Pantano, ni Chris Claremont, que comenzó como ayudante editorial de Wein en Marvel, tendrían una carrera. Pero su pluma para escribir cómics era tan poco estridente, que no llamaba la atención entre el gran público, si bien dominaba la estructura y la idiosincrasia de las viñetas como nadie.

Wein era un trabajador feroz y compaginó su tarea de escritor con sus labores editoriales en una de las épocas más complicadas y competitivas de la industria. En Marvel se erigió como editor en jefe tras la salida de Roy Thomas y desde allí lanzó toda una nueva manera de entender a los superhéroes, con la creación la nueva y diversa Patrulla-X en Giant Size X-men 1, junto al dibujante Dave Cockhrum, uno de los títulos más legendarios de la historia. En sus páginas, Charles Xavier reunía a un nuevo equipo de mutantes encabezados por Lobezno (heredado de la etapa de Hulk de Wein, en la que le habían pedido un cupo de canadienses), Tormenta, Rondador Nocturno y Coloso. Su trabajo editorial evitó que Wein siguiera en la serie, así que en 1975 pasó las riendas a un joven y entusiasmado Claremont, que había asistido a todas las reuniones como su ayudante. Así comenzó su leyenda, una etapa que duraría décadas. "Para mí era un trabajo más. No era diferente de Hermano Voodoo", contaba Wein en Las historias jamás contadas de Marvel cómic.

Las cancelaciones de títulos en aquella época eran constantes, y lidiar con una treintena de equipos creativos no era una tarea sencilla. De hecho, acabó tan cansado por su trabajo como editor que decidió probar un soplo de aire fresco y aceptar la oportunidad de escribir a Batman en Detective Comics. Pero Stan Lee no se tomó bien su paso a la competencia, y decidió que no podía estar en ambos sitios a la vez. DC no tardó en darle un puesto como editor en algunos de los títulos más reconocibles. Su nombre siempre estará ligado en esa casa a Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons, si bien sus desavenencias con el guionista por su final fueron públicas desde el momento de su publicación. Tanto fue así que cuando en 2012 la editorial lanzó los polémicos cómics de Before Watchmen, que ahondaban en los personajes de la legendaria serie innecesariamente, Wein era cabeza de cartel: "Iba siendo hora. Moore ha tenido estos personajes durante un cuarto de siglo y decidió no hacer nada con ellos".

Pero Wein para entonces ya tenía el título de leyenda, un autor al que la industria le debía algo que nunca le entregaría. No solo los mutantes o la Cosa del pantano (al que adaptó Wes Craven al celuloide), Wein también ha visto traslados al audiovisual personajes como Lucius Fox, con el rostro de Morgan Freeman en la trilogía del Batman de Christopher Nolan; Amanda Waller, a la que ahora interpreta Viola Davis en el universo DC; Cottonmouth, al que encarnó Mahershala Ali en Luke Cage, o Blanco Humano, que contó con su propia serie de televisión. Aunque, en realidad, todo lo que recibía por ello era el honor de verlos en pantalla: "Nunca vi un duro de las películas Marvel, ni siquiera tengo crédito en alguna de las películas de Lobezno. Hugh Jackman es un hombre encantador y en el estreno de X-men orígenes: Lobezno dijo al público que me debía toda su carrera y me abrazó. Fue muy gratificante, pero hubiera preferido un cheque".

Por eso no es extraño que Wein, que comenzó queriendo ser dibujante, considerara uno de sus grandes logros ser de los pocos de su generación que había logrado superar al tiempo: "Tengo una carrera en este negocio tras 45 años. Eso es algo que no pasa mucho. Soy el hombre con más suerte en el mundo", exclamaba en 2012 en una entrevista en Collider: "He pasado toda mi vida haciendo lo que me gusta ¿Cuántos pueden decir eso?". Ese entusiasmo por los cómics de los que se enamoró de niño con Batman le siguió hasta el final.

domingo, 10 de septiembre de 2017

«Para los de fuera, Avilés es la ciudad del cómic, una etiqueta divertida»


A Jorge Iván Argiz (1974), avilesino nacido en Monforte, se le podría considerar perfectamente como un hombre del Renacimiento. Un amante de la cultura en todas sus vertientes de expresión, pero por encima de todo, de aquella que se ha convenido en llamar popular, desde el cómic al cine, pasando por la literatura, de la fantasía a la ciencia ficción. Y sobre todo, con una férrea vocación para la divulgación, hacerla accesible a todos. «Esto nos lo tomamos como un servicio público», confirma. De su trabajo e imaginación han salido propuestas que sitúan Avilés como referencias nacionales: en julio, el festival Celsius, y a partir de pasado mañana, dirige la XXII edición de las Jornadas del Cómic, que convierten a la ciudad, durante casi una semana, en la capital nacional del noveno arte. Autores nacionales e internacionales, editoriales y aficionados así lo reconocen año tras año.

-¿Cómo recuerda los comienzos de las jornadas?

-Recuerdo cuando el atentado en las Torres Gemelas, el 11S. Estábamos comiendo con autores americanos, viéndolo por la tele, parecía una película. Y uno nos decía, 'pues en esa torre trabaja mi hijo'. Es una manera complicada de empezar, con los aeropuertos cortados, los americanos viendo morir a su gente... Adversidades. A partir de eso, ¿qué más puede pasar?

-Consiguen que una ciudad pequeña sea la capital nacional del cómic.

-Todo depende de la voluntad. Que haya un grupo de personas que queramos hacerlo, que la Administración quiera apoyarlo, y contar con una idea clara que conecte con la gente a la que va destinada. Todo esto nos lo tomamos como un servicio público, y cobra sentido cuando llega al receptor. Siempre nos hemos sentido apoyados y la gente lo ha acogido bien.

-¿Por qué se decidieron a lanzar el festival?

-Hace un poco más de esos 22 años hacíamos un programa de radio en Radio Activa, que se llamaba 'Dentro de la viñeta', y también teníamos un fanzine del mismo nombre. Recuerdo conversaciones de entonces, «qué bien si hubiera en Avilés un algo relacionado con el cómic...». Pero, ¿quién le ponía el cascabel al gato? «¿Por qué no lo hacemos nosotros?», nos preguntamos. Y Andrea Parissi, Ángel de la Calle, que estaba en la Semana Negra, y yo, hicimos un proyecto, lo presentamos al Ayuntamiento, y el resto ya es historia. Nunca he llevado bien que digan aquello de «no se puede». Al menos no sin intentarlo.

-¿Se basaron en algún ejemplo?

-En aquella época había pocos modelos. Sí teníamos claro cómo queríamos que fuera y cómo no. El modelo lo fuimos creando nosotros. No queríamos las típicas charlas, y sí una cercanía entre el público y los autores, que fuese una convivencia. Parámetros que no encontrábamos en otros sitios, y mostrarlos aquí como un camino real.

-¿Costó?

-Si lo pienso ahora, supongo que fue difícil. Tuvimos mucha suerte. Vino Larry Hama, que repetirá este año, y eso facilitó mucho trabajo, porque nos dio prestigio. Hay que tener en cuenta que nosotros vendíamos una idea, un proyecto, a gente importante, y hubo una sucesión de casualidades afortunadas, como que no fallara nadie de los invitados. Y al final, ellos son nuestros principales embajadores.

-¿Cómo consiguieron entonces convencer a los autores a venir?

-Con ingenio. Internet no era como ahora. Contábamos con el servicio telefónico de información internacional. No eran máquinas, sino personas, a las que tratábamos de convencer para que nos dieran un teléfono, de un apellido, en una ciudad concreta... Casi como en 'CSI'. Teníamos el contacto con algunos autores, pero con otros... Recuerdo con George Pérez, sabíamos que vivía en un pueblo de Florida, y fuimos llamando a los Pérez de allí; a la cuarta o quinta llamada, lo conseguimos.

-¿Hay algunos autores que les haya costado conseguir estos años?

-A J. M. De Matteis lo invitamos por primera vez en el 97, y lo intentamos después todos los años, y al final vino. A John Romita jr también llevamos invitándolo desde aquellas fechas. Es uno de los autores más interesantes de superhéroes. Y él nos dice que hasta que no venga a Avilés, no va a ir a otros sitios. Es cuestión de tiempo.

-¿Cuáles son las premisas para organizar las Jornadas?

-Los tres organizadores, Germán Menéndez, Ángel de la Calle y yo, somos muy diferentes, y abiertos a todo lo que cae en nuestras manos. El cómic, su riqueza... Hacemos un acercamiento lo más amplio y global posible, no solo geográficamente, también en los argumentos, el público, desde infantil a adulto; la temática, obras que nos parecen interesantes.

-¿Y a usted qué tipo de cómic le gusta más?

-Soy raro, leo de todo. He tenido una evolución lógica, de lo que se lee de críos, superhéroes, manga, a más de adulto, novela gráfica... Puedo disfrutar de una novela gráfica sobre el conflicto de Siria tanto como de la 'Patrulla X', manga de terror...

-¿Ha cambiado mucho el cómic en estas dos décadas?

-Ha crecido en diversidad. Hay cómic accesible para todos lo públicos y gustos. Ahora está reconocido como un medio de expresión. Nosotros siempre procuramos ir un paso por delante de las tendencias, y este año no es una excepción.

-¿Es el mejor momento del cómic?

-Si eres lector, no ha habido un momento con tanta riqueza y variedad, artística y narrativa en la historia. Los autores españoles son de los mejor valorados. Corto Maltés lo están haciendo dos españoles; Batman, Lobezno. En los premios Eisner, que son como los Oscar, cada vez hay más nomidados y ganadores españoles. Y nuestra industria, si bien mejora, aún no puede sostenerlo.

-¿Los formatos digitales son competencia?

-En España se publican muchas cosas y muy diferentes, por fortuna. Para mí el formato ideal es el papel, pero procuro no caer en ese estilo dinosaurio. Lo importante es que se lea, en el formato que sea.

-¿Cómo está el cómic en Asturias?

-Para lo pequeño que es, hay muchos eventos que lo incluyen: nosotros, Celsius, la Semana Negra, Metrópoli... Desde el punto de vista creativo, hay autores muy interesantes. Creo que estamos un poco peor organizados en movimiento de base, en fanzines, asociaciones de autores jóvenes, en comparación con Galicia o el País Vasco.

-Las Jornadas son parte de Avilés.

-Notamos que en Avilés hay un interés creciente, y el que no es aficionado, tiene una familiaridad con las Jornadas. Pensamos que se puede hacer todavía más. Y para la gente de fuera, Avilés es la ciudad del cómic. Es divertida esa etiqueta. Pero es la ciudad del cómic y muchas cosas más. Nos sirve de identificativo.

-Aparte de los invitados, ¿cuáles son las principales novedades?

-Vamos a intentar ganar las mañanas para un modelo de encuentro con el autor diferente. Otra novedad es que hemos puesto mucho el ojo en los guionistas. El cómic es un medio visual, pero se cuenta una historia. Los autores que últimamente más mueven a los aficionados son los guionistas. Y vamos a analizar ese fenómeno. Otra cosa que no habíamos hecho es que ahora las editoriales contratan a estrellas de Youtube para conectar con los jóvenes, y vamos a tener dos chicas que participan de este fenómeno, Lolita Aldea, para El Rubius, y Henar Torinos, para 8cho. Lo analizaremos sin prejuicios.

-Muchos autores ya tienen reservada esta semana en su agenda.

-Al principio nos lo tomábamos con sorpresa, y es un orgullo. Es por la propia dinámica de cercanía del festival, que permite que pasen cosas que en otros sitios no, la convivencia... Aquí se han formado equipos creativos entre gente que no se conocía. Les preguntan, y dicen, «estábamos en Avilés». Eso es marca de ciudad también. Por un lado, los que ya han venido hacen presión para volver, pero como se suele decir, hay que mover banquillo. Otros me dicen que un colega les comentó para venir a Avilés... Aparte de la lista oficial, tenemos autores voluntarios, que enriquecen el evento, vienen por sus medios y es un lujazo.

-¿Como están en lo económico?

-No tenemos el presupuesto de los mejores años, pero nos hemos recuperado gracias al Ayuntamiento y Asturiana de Zinc, y nos sentimos muy apoyados por ellos. Su aportación es fundamental. Teníamos claro que la cultura hay que pagarla, pero su acceso tiene que ser gratuito. Y aquí puede ser así por el dinero que aportan ambas instituciones.

-¿Habrá festival en otros espacios?

-Me gusta hacer ciudad. Hemos hecho exposiciones en el CMAE, en Valdecarzana, en la Escuela de Arte... Se han ido moviendo. ¿Alguna vez en el Niemeyer? Todo es posible.

sábado, 9 de septiembre de 2017

El País:Miguel Hernández, viñetas para ‘el poeta del pueblo’


No son los grandes conceptos ni las palabras sonoramente huecas lo que vertebra este libro sino el diálogo -con barrotes por medio- entre un escritor preso y un gorrión libre. Es el diálogo imposible pero real entre el poeta que olisquea la muerte con toda la dignidad del mundo y el pájaro al que el condenado pide que haga de mensajero de sus ideales y de su desgracia. Una conversación entre la libertad y la opresión, en suma. Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942) la plasmó en El gorrión y el prisionero, cuento inconcluso que más de 70 años después utilizaron el ilustrador Ramón Boldú y el guionista Ramón Pereira para contar La voz que no cesa. Vida de Miguel Hernández, un tebeo que recorre desde la infancia hasta la muerte del autor de Perito en lunas, el cabrero poeta, el poeta del pueblo.

La versión que acaba de llegar a las librerías de la mano de Astiberri Ediciones en este 75º aniversario de la muerte del escritor recupera, pero sobre todo amplía y enriquece, la publicada en 2013 por el desaparecido sello Editores de Tebeos. Boldú y Pereira, que tomaron en su día como referencias la propia obra literaria de Miguel Hernández y la biografía escrita por José Luis Ferris, han incluido ahora diversas escenas del drama carcelario del poeta prohibido por el fascismo, y han ampliado el segmento que trata de su agonía y muerte en el reformatorio de adultos de Alicante, hasta un total de nueve páginas suplementarias.

“Seguramente, si el personaje hubiese sido algún otro, no me hubiese animado a realizarlo”, reconoce Ramón Boldú, que en el momento en el que le propusieron el proyecto estaba inmerso en otro tebeo, sobre su propia vida. “Pero es que a Miguel Hernández le conocí allá por mediados de los 70 con su obra El rayo que no cesa y sin saber de su historia, me quedé impregnado de sus palabras y, desde entonces, sus versos ocupan un lugar preferente en mi alma, o en lo que sea que tengamos ahí dentro… así que me dije ‘Miguel Hernández sí, Miguel Hernández lo tengo que hacer”.

En un texto incluido en este volumen de 140 páginas, el guionista Ramón Pereira, por su parte, confía en que “esta obra divulgue aún más la extraordinaria calidad humana y literaria de este hombre que murió por sus ideales y nos dejó un legado de valentía, tesón y amor por la vida”.

El relato de La voz que no cesa es fiel al devenir del personaje como ciudadano, como poeta y como militante de la justicia social frente a los abusos. Pero se toma sus licencias. Boldú y Pereira parten, sí, de las vivencias de Miguel Hernández, tanto en sus alegrías literarias y sentimentales como en sus penas políticas: las que dieron con sus huesos en sucesivas cárceles (Huelva, Torrijos y Toreno en Madrid, Ocaña, Alicante…). También las relacionadas con la amistad, como la muerte de su íntimo amigo Ramón Sijé. A partir de ahí, la realidad sirve de base pero no de calco para la ficción, y algunas partes del libro, como las conversaciones entre Miguel Hernández y otros escritores como Neruda, Aleixandre, Lorca, Bergamín, Juan Ramón o Cossío durante sus viajes a Madrid, fueron pensadas y reconstituidas por los autores de este libro, que tampoco reniegan del humor a ráfagas como cuña de desenfado en una vida de tragedia.

Otra de las licencias provino de la propia experiencia de Ramón Boldú y de lo que él interpreta como cierta identificación con la vida de el poeta del pueblo: “Es que, como se ve en el libro, el padre de Miguel Hernández no quería que fuese poeta, y no lo quería porque pensaba que un poeta no podría ganar dinero. Y a mí me pasó igual: mi padre no quería que yo me dedicase al cómic, por la misma razón. Así que de ahí, de algunas conversaciones entre mi padre y yo, saqué cosas para las conversaciones entre Miguel Hernández y el suyo, que era cabrero… o entre él y su suegro, que era guardia civil y era muy bueno, como el padre de mi primera esposa, que era muy parecido”.

El libro no es solo otro ejemplo más en la incesante y reciente incursión del cómic en la vida de los grandes escritores (Proust, García Lorca, Rulfo, Thoreau, Cortázar...). Es también una propuesta literaria en sí, al constituirse -los autores lo tuvieron clarísimo desde el principio- en una breve pero intensa guía de lectura de la poesía de Miguel Hernández, incluyendo numerosas estrofas de sus versos entre viñeta y viñeta.

viernes, 8 de septiembre de 2017

El Aeropuerto de Lanzarote inaugura la exposición de pinturas 'Las aventuras de Tintín en Lanzarote'


El Aeropuerto de Lanzarote acoge a partir de este jueves la exposición de pinturas 'Las aventuras de Tintín en Lanzarote', realizada por los alumnos de Ilustración de la Escuela de Arte y Oficio Pancho Lasso.

Según informa Aena en una nota de prensa, la muestra, que puede ser visitada en la sala de exposiciones de la Terminal Interinsular y permanecerá hasta el 15 de octubre, consta de 30 obras de pequeño y mediano formato realizadas en acrílico sobre lienzos.

A través de estos cuadros, los alumnos introducen a Tintín y sus compañeros de aventuras en lugares emblemáticos de la isla, utilizando el estilo artístico de los cómics de Herge, que consiste en delinear las figuras con líneas negras y rellenarlas con tinta plana.

jueves, 7 de septiembre de 2017

'Bravo for adventure', un clásico del cómic de aventuras del maestro Alex Toth


Alex Toth (1928 -2006) es uno de los grandes maestros del cómic mundial y uno de los dibujantes más influyentes e imitados de la historia. Desgraciadamente, actualmente se conoce más a muchos de esos autores que lo imitaron que al original. Por eso es de agradecer que se recupere una de sus grandes obras, Bravo for adventure (Planeta Cómic), que nos devuelve la fascinación por su arte y por los cómics de aventuras más clásicos.

Se trata de una de las obras preferidas del autor, que pudo escribir sus propios guiones, lo que consiguió en muy contadas ocasiones a lo largo de su dilatada carrera. Esta edición de lujo en tapa dura, publicada gracias a un acuerdo con los herederos del artista, contiene las tres historias del genio del cómic, protagonizadas por Jesse Bravo. Además, incluye dibujos preliminares, borradores a lápiz y pruebas a color de Toth.

El retorno a la aventura
Creado en 1975, el cómic narra las aventuras de Jesse Bravo, piloto, aventurero y empresario. La serie nació como un divertido homenaje a las grandes historias de aventuras de los años 30, como las películas de Errol Flynn (en el cómic el personaje llega a trabajar como doble del actor) y a los clásicos del cómic de Milton Caniff, Noel Sickles, Will Eisner y Roy Crane. 

También destacan los adornos visuales del film noir y (en las historias posteriores) la influencia del gran tebeo de aventuras de la época: el Corto Maltés de Hugo Pratt. Y es que Toth quiso recuperar el sentido de la aventura en un momento en el que los superhéroes estaban volviendo el cómic mucho más oscuro.

En esa época (mediados de los 70) nacian los álbumes gráficos, con historias largas orientadas a un público adulto (como La balada del mar salado de Pratt). La editorial Fernand Nathan propuso a Bernard Farkas y Jean-Piérre Dionnet (Metal Hurlant), que creasen una lína de esos cómics para adultos, para lo que contactaron con grandes nombres del cómic mundial, incluyendo Alex Toth, que era todo un icono para los dibujantes y aficionados europeos.

Toth se emocionó con el proyecto y dedicó un año a escribir y dibujar  la primera historia: "Me lo he pasado en grande -aseguraba- utilizando a montones todos los viejos clichés... pero estaba decidido a equiparar el arte y las caracterizaciones a los estándares clásicos Caniff y Sickles de los años 30".

Pero las ventas no fueron las esperadas y la colección se canceló antes de que Bravo for adventure fuese publicada. La historia languideció hasta que se publicó en 1980 en la revista The Rook, de Warren Publishing. Un año después apareció en  formato novela gráfica en Francia.

En 1983 creó otras dos historias cortas del personje, y en 1985 intentó relanzar la novela gráfica original como un comic-book a color, pero tampoco hubo suerte. Jesse Bravo parecía condenado al olvido a pesar de su innegable calidad.

Hemos tenido que esperar 40 años para poder disfrutar de una edición a la altura de una de las obras maestras de uno de los grandes mitos del cómic.

Maestro del dibujo
Como comentábamos, Alex Toth fue uno de los artístas más innovadores y rompedores de su época; y después se convertiría en uno de los más imitados y admirados por otros dibujantes, aunque ninguno logró su maestría.

Y es que Toth marcó a una generación de dibujantes y de animadores con sus trabajos en los que dominaba como nadie las técnicas de la narración apoyado en un dibujo simple, en apariencia, pero en el que luces y sombras cobran vida, logrando una atmósfera inquietante. Una simple sombra, una silueta vacía... con los mínimos elementos Alex Toth conseguía transmitir una amplia gama de emociones, situaciones y atmósferas.

Además su dibujo evolucionaba de un trabajo a otro, como podemos comprobar en este fantástico e imprescindible volumen. Su dominio de las figuras, de la composición, de los espacios y del cuerpo humano es fabuloso, destacando esos rostros angulosos que nos transmiten una amplia gama de emociones con apenas unas líneas, unas pinceladas maestras.

Por si todo eso fuera poco,  Toth se pasó la vida investigando nuevas técnicas de dibujo y formas de narración, lo que convertía cada uno de sus trabajos en una emocionante aventura, pero que no siempre conseguía la aprobación de los lectores que buscaban algo más clásico. Sólo hay que fijarse en sus viñetas (cuando las había), que eran de las formas más diversas, pero siempre al servicio de la narración.

El historietista español Josep María Beá (7 vidas, HIstorias de taberna galáctica) lo explica mejor que yo, asegurando que fue el dibujante que más le impactó en su vida, conmocionando a todo el equipo de Selecciones Ilustradas gracias a "su portentoso conocimiento de la anatomía humana, su síntesis gráfica, la novedosa planificación, el concepto del equilibrio tonal".

Toth también fue un maestro en el uso de las onomatopeyas, que se salen de las viñetas y parecen llegar a nuestros oídos como si se tratase de sonidos auténticos. De hecho, casi siempre rotulaba sus páginas, algo que hacen muy pocos dibujantes, porque le gustaba controlar todos los aspectos visuales de sus cómics. Todo eso también lo podéis comprobar en Bravo for adventure.

Le perjudicó no tener un personaje fijo
Sin embargo, el hecho de no tener un personaje fijo, como casi todos los grandes, ha hecho que su obra haya pasado más desapercibida. Curiosamente, fue el creador gráfico de Torpedo 1936, del guionista Enrique Sánchez Abulí, pero su descontento por la violencia y el sexo del cómic hizo que renunciase al personaje, siendo sustituido por Jordi Bernet, que lograría la fama mundial por su excelente trabajo.

Aún así, Toth nos ha dejado algunas de las mejores páginas de la historia del cómic, como las de la serie El Zorro. También fue uno de los maestros del cómic de terror gracias a su dominio de las sombras y a la economía de su dibujo porque para Toth, menos era más, mucho más.

Lo podéis comprobar en el imprescindible tomo Creepy presenta: Alex Toth (Planeta Cómic), que recoge todas las historias que realizó para las revistas Creepy y Eerie, editadas por James Warren en los años 60, 70 y 80. Desgraciadamente, la mayor parte de la producción de Toth permanece inédita en España o ha sido publicada de forma lamentable.

Este Bravo for adventure es la mejor prueba de su destreza visual y narrativa que, como sólo consiguen unos cuantos elegidos, nunca pasará de moda.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

20 minutos:Paco Roca se pone otra vez el pijama para cerrar su trilogía


Nos ha pillado con el trasero todavía lleno de arena y haciendo frente a la vuelta a la realidad, pero ya están aquí las Confesiones de un hombre en pijama para consolarnos de la depresión vacacional y recordarnos que los tontos somos muchos y a casi todos nos pasan las mismas cosas. La editorial Astiberri puso a circular en librerías el pasado 31 de agosto este cómic con el que se cierra la trilogía que Paco Roca (Valencia, 1969) ha dedicado a su alter ego ilustrado.

La aventura de su personaje comenzó en 2011 con Memorias de un hombre en pijama, continuada en 2014 en Andanzas de un hombre en pijama. Sin cambiar de atuendo, también llegará al cine próximamente en forma de película de animación. El pasado mayo, Cannes (dentro de una sección dedicada al prestigioso festival de Annecy) acogió la presentación de las primeras imágenes de esta «comedia juvenil y desenfadada», en palabras de su productor y guionista Ángel de la Cruz. Dirigida por Carlos Fernández de Vigo y aún sin fecha de estreno –al parecer, antes de que acabe el año–, incluye un prólogo y un epílogo en imagen real donde las viñetas se reencarnan en personajes de carne y hueso, gracias a los actores Raúl Arévalo y María Castro. No es la primera vez que los trazos de Paco Roca cobran vida en el cine. Ya lo hicieron, con una fantástica acogida, en la animación del cómic Arrugas en 2011. Este álbum que Roca dedicó a la tercera edad y el Alzheimer le brindó muchas alegrías: los Goyas a mejor guión adaptado y mejor película de animación, que media España supiera de su existencia y, sobre todo, el Premio Nacional de Cómic en 2008. Así fue como Paco Roca entró en el olimpo de los ilustradores españoles y en muchas casas. Precisamente, es uno de esos autores que han conseguido llegar con la novela gráfica a lectores no iniciados que habitualmente no leen cómics.

Viñetas de lo cotidiano 

Se curtió en publicidad y desde niño ya dibujaba compulsivamente. Sus primeros trabajos se publicaron en la revista de culto El Víbora. También se ha asomado a la guerra en Los surcos del azar (2013), sobre los republicanos españoles que liberaron París de los nazis; o en El Faro (2004), donde recordaba a sus personajes de aventuras preferidos con la excusa de un soldado huido en la guerra civil. Incluso ha rendido homenaje a su profesión con El invierno del dibujante (2011), ambientada en el franquismo.

Pero cuando más ha atinado y emocionado ha sido hurgando en su propia vida. «Para hacer los personajes vivos y creíbles tienes que poner una parte de ti en cada uno de ellos», ha admitido en muchas ocasiones. Su último trabajo, La casa (2015), le sirvió para superar la muerte de su padre.  La impotencia de una persona corriente en la oficina de su banco, intentando cancelar su deudas, es una de las muchas escenas con las que podemos identificarnos en Confesiones de un hombre en pijama, que reúne dos historias nuevas y recopila otras publicadas en diferentes lugares. Retrata la vida en pareja de un cuarentón atrapado en su sueño de trabajar desde casa en pijama. Gracias al sano exhibicionismo de este hombre que trabaja en pijama podemos disfrutar de algunas de las mejores obras gráficas españolas con el sello Roca.

martes, 5 de septiembre de 2017

Finalistas a los Premios de la Crítica de Cómic de 2017



Ya se conocen los finalistas de la 17º Edición de los Premios de la Crítica de Cómic, organizados por la revista Dolmen y entregados anualmente en la clausura de las Jornadas del Cómic de Avilés, que este año será el sábado 16 de septiembre. Destacar que en estos premios, participa todo el sector relacionado con el mundo de la información centrada en los cómics, y que las votaciones son públicas para que de ese modo sean unos premios totalmente transparentes.

Los nominados de la 17º edición son:

MEJOR DIBUJANTE EXTRANJERO
-Michael Lark por Lazarus
-Jamie McKelvie por The wicked & the divine
-Mitch Gerards por El sheriff de Babilonia
-Dustin Nguyen por Descender
-Zeina Abirachev por El piano oriental

MEJOR DIBUJANTE NACIONAL
-Gabriel Hernández Walta por La Visión
-Keko por El perdón y la furua
-Jaime Martín por Jamás tendré 20 años
-Daniel Torres por Roco Vargas: Júpiter
-Javier Rodríguez por Spiderwoman
-Oril Hernández por Naturalezas Muertas

MEJOR GUIONISTA EXTRANJERO
-Tom King por La Visión
-Zidrou por Los buenos veranos
-Brian K. Vaugahn por Paper Girls
-Tom King por El sheriff de Babilonia
-Alan Moore por Providence

MEJOR GUIONISTA NACIONAL
-Jaime Martín por Jamás tendré 20 años
-Rayco Pulido por Lamia
-David Sánchez por Un millón de años
-Miguelanxo Prado por Presas Fáciles
-Antonio Altarriba por El perdón y la furia

MEJOR OBRA INTERNACIONAL
-La Visión
-Paper Girls
-Lazarus
-The wicked & The Divine
-Paul en el Norte

MEJOR OBRA NACIONAL
-Jamás tendré 20 años
-Un millón de años
-Lamia
-El perdón y la furia
-Cosmonauta

MEJOR OBRA TEÓRICA
-100 años del TBO
-Cuando Bruce Wayne se llamaba Bruno Díaz
-Cómics, manual de instrucciones
-Tebeos, las revistas juveniles
-Narración Gráfica

TODA UNA CARRERA AUTOR EXTRANJERO
-Hermann
-Jacques Tardí
-Frank Miller
-Bryan Talbot
-John Byrne

TODA UNA CARRERA AUTOR NACIONAL
-Enrique Sánchez Abulí
-Alfonso Azpiri
-Miguelanxo Prado
-Antonio Altarriba
-José María Beá