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Mientras hay artistas y dibujantes que encuentran un estilo con el que se encuentran cómodos y se dedican a perfeccionarlo, Francesc Capdevila “Max” (Barcelona, 1956), no deja de experimentar y de aceptar cualquier desafío. El último ha sido hacer un cómic para invidentes: A boat tour/Tour in barca, que el Instituto Ramon Llull ha presentado en la Bienal de Venecia, en el marco del proyecto Catalonia in Venice 2017_La Venezia che non si vede.

“El cómic -asegura Max- nace dentro del proyecto de Antonio Abad: La Venecia que no se ve, que ganó el concurso para representar a Cataluña en la Bienal. Es un proyecto que se vehicula a través de una web de internet y que, básicamente, consiste en dar una aplicación de móvil a personas ciegas de Venecia para que manden mensajes, sobre todo de audio, a una web. Abad lleva haciendo este tipo de proyectos dedicados a personas “desfavorecidas”; y esta vez ha sido con los ciegos en Venecia”.

“Cuando el proyecto ya estaba en marcha los comisarios Mery Cuesta y Roc Parés me llamaron para hacer un cómic para ciegos que explicara esta experiencia. Y yo me metí porque era un desafío total. Me parecía una cosa completamente imposible pero que, a la vez, merecía la pena investigarse, para ver que podíamos conseguir”. 

Cómic para ciegos
Pero realizar este cómic no fue fácil: El Primer paso -nos comenta Max- fue organizar un taller con alumnos de un Master de cómic, que dirige Mery Cuesta en la escuela Edisava de Barcelona, y con personas ciegas con las que contactamos a través de la ONCE. Hicimos un taller conjunto trabajando una narración en viñetas; pero en vez de dibujar las viñetas las hicimos en bajorrelieves con arcilla. Ahí yo pude darme cuenta de cómo representan las personas ciegas lo que les rodean y hasta qué punto pueden leer imágenes con los dedos”.

“A partir de ahí -continúa el dibujante- empecé a comprender cómo tenía que trabajar. Pero hicimos muchas pruebas distintas que testeamos con personas ciegas y no acabaron de funcionar”.

“Finalmente –añade- vi la luz en un viaje a Venecia, cuando ya se estaba haciendo toda la instalación del proyecto. Una de las actividades del proyecto son paseos en barca por pequeños canales de la ciudad, guiados por una persona ciega. Y en uno de estos viajes encontré tanto el tema del guion de la historieta como la manera de hacerlo”.

Un paseo en barca por los canales
“El cómic describe ese paseo en barca –continúa-. Yo me monté en el paseo piloto, con Giulia Oblach, una joven invidente de nacimiento que iba contando todas las sensaciones que percibía a lo largo de un circuito de unos 20 minutos por pequeños canales. Me propuse trasladar gráficamente todas las sensaciones que se describían, de las que ninguna era visual”.

“Encontré la manera de hacerlo -continúa- con el tipo de cosas que las personas ciegas sí están acostumbradas a hacer con los dedos; por ejemplo: mapas. Y usando una palabra clave en cada página como apoyo de contextualización de la imagen. Porque a una persona ciega, cuando le pones algo para leer con las manos tienes que darle previamente el contexto. Para que sepa dentro de qué ámbito tiene que interpretar lo que sus dedos están percibiendo”.

“Es interesante aclarar que no es un cómic sólo para ciegos, sino que es universal. Por eso está impreso en tinta negra y en relieve (braille) para que puedan leerlo los videntes, los invidentes y las personas con baja capacidad de visión.

Abriendo nuevos caminos
En cuanto a las reacciones de los invidentes, Max nos comenta que: “Les ha parecido una experiencia inédita y muy interesante. Aunque es cierto que a muchos no les ha resultado fácil leerlo, ya sea porque desconocen previamente el lenguaje del cómic o porque hay muchos ciegos que ni siquiera leen braille. No están acostumbrados a captar información con los dedos. Pero lo importante es que hemos conseguido abrir un posible nuevo camino”.

“También es cierto que he tenido que renunciar a la mayoría de los recursos del cómic -confiesa-. Porque casi todos son imposibles de trasladar a un lenguaje táctil; como la sensación de perspectiva o profundidad; tampoco puedes dibujar líneas que se crucen entre ellas porque el dedo del lector ciego no sabe hacia dónde tiene que ir. Igual que hay una cuestión de tamaño: Para que el dedo lea bien las cosas las imágenes tienen que ser grandes; por lo que no puedes meter más de dos viñetas por página, en un formato A4. Y así, todo tipo de limitaciones. Las líneas cinéticas, por ejemplo, tampoco sirven… y un montón de cosas más”.

“El cómic ha despertado muchísimo interés en la Bienal –añade Max-. La gente preguntaba muchísimas cosas. A pesar de que la Bienal es un mega-evento donde hay cientos de cosas a la vez. Parece que una cosa tan modesta con el pabellón de Cataluña, que simplemente era una mesa donde acceder a los mensajes de móviles de los ciegos, paneles explicativos y unas copias de mi cómic, ha conseguido llamar la atención. La Bienal es larga, dura hasta noviembre, y espero que haya un feedback hasta entonces.

De momento, el problema son los costes
En cuanto al futuro de este proyecto, Max nos comenta que: “Hay una barrera muy importante que es el coste de la impresión en relieve, que es demasiado grande para plantearse ediciones que se puedan vender comercialmente a un precio razonable. Para la Bienal se ha hecho una tirada de unos 400 catálogos que sólo se venden en Venecia. Pero las tecnologías avanzan muy deprisa y supongo que en cuanto las impresoras 3D tengan un precio razonable para los usuarios de a pie, podrán ser el vehículo ideal para este tipo de cómics”.

“Es un tema que hay que seguir investigando –añade el dibujante-. Aunque no sé si yo seré el adecuado para hacerlo, porque tengo la sensación de que he llegado hasta el límite de donde podía llegar. Pero seguro que aparece alguien que ve posible un paso hacia adelante o en otra dirección distinta. En todo caso tendrá que ser una tarea de investigación compartida con mucha gente y que, por ahora, necesita el apoyo institucional”.

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